Docentes y Administrativos, que me acompañaron, aseverarán que cuando tuvimos la oportunidad de dirigir en el 2007, la Oficina de Autoevaluación y Acreditación de la UNDAC, nos era imperioso conformar un Comité consultivo de aproximadamente 20 docentes de las diferentes facultades, involucrados con la concepción y ejecución de la Acreditación. Considerando que este proceso no era una acción improvisada o acciones inesperadas e impropias, ni mucho menos enmascaramientos que demuestren una clara “Auto estafa institucional” para esconder la basura bajo la alfombra y decir que, estamos en los mejores espacios de calidad. Nuestra acción lo habíamos dirigido con transparencia para visualizar con responsabilidad, todas las deficiencias que detenían el avance de la universidad. Por estas consideraciones nos retiraron de la Dirección.
Creo que a partir de esto, el proceso de Autoevaluación que lo concebíamos como el punto de partida al proyecto de cambio, como análisis e interpretación real del funcionamiento institucional, aclaración de logros y deficiencias que nos permita diagnosticar, mejorar, dar garantías de nuestras funciones y la efectiva toma de decisiones, se convirtió en un simple tapujo de intereses para consolidar la ilusa y macabra idea del rector de la UNDAC, de que somos la mejor universidad de esta Región del Perú y por tanto dispuestos a internacionalizarnos.
El gobierno de turno nacional, frente al análisis y ejecución de la nueva reforma educativa que se venía implantando en nuestro país, promulga el D.L. 998 del 30 de marzo del 2008, como paso decisivo y fundamental para evitar que se siga proliferando instituciones que dicen formar profesionales, pero que en realidad, no lo hacen de manera eficiente y adecuada. Con este decreto, se suspende la autorización de funcionamiento y de creación de facultades o escuelas de educación, HASTA QUE SE ACREDITE LA RESPECTIVA CALIDAD DE SU ENSEÑANZA, la cual recaerá la responsabilidad de su fiscalización en el CONEAU. ¿Qué hicieron nuestras autoridades? Inmediatamente reunieron a los docentes de la facultad de Educación para reorientar acciones de autoevaluación, que según ellos, ya se había iniciado y que los resultados eran satisfactorios por la calidad observada de las funciones institucionales y que el presupuesto para la autoevaluación y mejora estaba garantizado. ¡NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER!
Con esta ilusa concepción, del cual no compartíamos por nuestro escepticismo hacia la gestión de más de tres años sin resultado, se empezó a deteriorar la viabilidad del proceso de acreditación y la convicción de cambio que se debía inculcar al recurso humano. Se empezó a priorizar presupuesto para viajes internacionales intrascendentes, sin resultados a favor de la institución, creando premios nacionales e internacionales, dibujándonos como la mejor institución y abandonando el deterioro interno de la universidad.
Frente a este desentendimiento y creyendo erradamente que, la acreditación es un proceso metido en la mente de otros y no en la nuestra, en las decisiones y realidades externas y no en la voluntad de todos los involucrados, se empieza a derrochar nuestros recursos económicos escasos para retribuir a la entidad Colombiana por considerarnos la MEJOR EMPRESA EDUCATIVA DEL CONTINENTE y se contrata a especialistas colombianos para ejecutar Diplomados Internacionales a nivel de Post Grado, que nos dejaron sabores académicos amargos por el abandono que nos hicieron y el incumplimiento de objetivos. Pues, desvalijaron los fondos de la bendita Fundación y del Plan semilla, que muy graciosamente beneficiaron a las autoridades en sus periplos internacionales.
La alocada carrera de improvisación y desconocimiento de la gestión institucional, nos sometió a la estructura de un CURRÍCULO POR COMPETENCIAS en la facultad de educación (Poco importó el resto de facultades) con la inocente, imprudente o ignorante creencia de las autoridades de que, era indispensable y urgente la elaboración del nuevo currículo. Su no elaboración detendría nuestra ansiada acreditación, que ya estaba a un paso, según la autoridad. Nada más imprudente e impertinente para creer que, un currículo no aplicado y sin resultados, pueda ser evaluado para acreditarnos, pues como sabemos (y particularmente aclaré), es necesario que exista como mínimo dos promociones para dar un juicio de valor al currículo. Pero aún así, se empezó a estructurar EL FRANKESTEIN CURRICULAR parchando concepciones, doctrinas y resultados externos y ajenos a nuestra realidad, se cambiaron de nombres a las menciones, priorizando los “Apodos”, y bajo una vitrina de ausente identificación con la realidad, en escasos días tuvimos un gran currículo por competencias. Que de paso, se puede decir, es un instrumento ornamental, suspiro de emotividad electoral que duerme con paciencia ante el desinterés de ser evaluado y monitoreado en su indiferente ejecución.
Hemos insistido y exigido hasta el cansancio, la voluntad política de las autoridades para la programación de un presupuesto de mejora y autorregulación institucional, pero prefirieron el consumo económico en viajes internacionales, para que ahora, esta gestión que fenece, responda con indiferencia a los docentes responsables de la escuela de Inicial que no hay dinero para su mejora.
Hace cerca de dos meses, aún antes de la convocatoria a elecciones, estas autoridades ya no aparecen por sus despachos, la universidad se consume en un caos. Y en este caos, la institución recibe la impostergable demanda de una inmediata acreditación, porque EL ESTADO YA NO PERMITIRÁ TOMAR SU NOMBRE PARA REFRENDAR TÍTULOS QUE NO SIRVEN NI PARA ENVOLVER PESCADO (Reflexión Saramaguina del Presidente de la República). Si una institución universitaria no se acredita, quedará en la simple Institución moderna de estudios por correspondencia, sin valor y sin capacidad para que nuestros jóvenes asuman nuevos destinos, YA NO SE DARÁ TÍTULOS A NOMBRE DE LA NACIÓN SI NO NOS ACREDITAMOS. Pues, ahora lo ratifico: Esta acción indiferente e incapaz para lograr los mínimos indicadores de calidad por parte de nuestras autoridades que se van, se convierte en una estafa pública, los cuales merecen una censura como último adiós por su inoperancia.
Siempre lo dije:
¿DE DONDE ERES EGRESADO?
¿DE LA UNDAC?
¡Pero, esta institución no está acreditada! : ¡TU TÍTULO NO TIENE VALOR, EL PUESTO NO ES TUYO!
Pero, dejemos el pasado atrás, volvamos a equilibrarnos esperanzados por nuevos vientos, porque tengo la impresión que estamos decididos a ser capaces de autoreformarnos y someternos a la voluntad propia, al impulso egodistónico para acreditarnos O ¿No es así?
Ya tenemos elegidos a nuestras autoridades para una nueva gestión. Se reiteró el pedido de un proyecto de vida institucional donde la prioridad sea la acreditación de nuestra universidad. Pero cunde la incertidumbre, ¿Cuál será el modelo de gestión? ¿Qué estrategias se empleará para sumir las exigencias de la acreditación y responder a la preocupación de nuestros alumnos frente a los títulos? ¿Seguiremos con el continuismo de la gestión anterior? ¿Cómo se garantizará el presupuesto para la acreditación?
Nos queda no solamente responder al CONEAU, a los docentes indiferentes de la UNDAC por retrasar nuestra obligación. Tenemos que responder a la sociedad, a la juventud:
- ¿QUIÉN GARANTIZA QUE SU CARRERA ESTÁ ASEGURADA?
- ¿CUÁNTO TIEMPO RESTARÁ PARA ACREDITARNOS?
- ¿CUÁNTO TIEMPO NOS DARÁ DE GRACIA EL ESTADO PARA ACREDITARNOS?
- ¿ESPERAREMOS PACIENTEMENTE QUE NUESTROS ALUMNOS NO OBTENGAN EL TÍTULO A NOMBRE DE LA NACIÓN?
- ¿SE EFECTUARÁ LA EVACUACIÓN DE NUESTROS ESTUDIANTES A OTRAS INSTITUCIONES ACREDITADAS?
Pues no nos queda otra cosa que decir:
“ALUMNOS LEVANTAOS, ES HORA DE SU PROTAGONISMO, EXIJAN A SU INSTITUCIÓN QUE SE ACREDITE”
Aunque este proceso debe ser urgente, también sabemos que, existe latente en la mente de todos, la convicción de que al desear acreditar a la institución, debemos acreditarnos todos y cada uno de nosotros, comprometidos con las nuevas tareas curriculares, con la investigación científica y formativa, con la producción intelectual, con una gestión institucional abierta, de espíritu social y meritocrático, donde desaparezcan acciones reñidas por la ética y la moral. El compromiso urgente de estructurar una comisión consultiva de acreditación integrada por docentes idóneos y calificados para orientar esta gran tarea de acreditación. No cometamos el error de pagar favores políticos al considerar como acción política este proceso de acreditación e involucrar a individuos que esperan ser retribuidos por el mérito de sus votos, como se hizo en la asistencia a los diplomados internacionales que programó la facultad de educación. Ahora sería imprudente asumir el trabajo de acreditación y la ejecución de presupuestos por intermedio de aquellos que han vendido conciencias en esta victoria electoral.
No hay mejor acción estatal, que su involucramiento con la universidad pública. Basta de recortes presupuestales, basta de creaciones inapropiadas de universidades que deterioran la calidad, más rentas para la acreditación y más apertura para que la universidad pueda orientar sus ingresos de canon y regalías a sus inmensas necesidades.
“FUERON 5 AÑOS PERDIDOS DE LA GESTIÓN QUE YA SE VA, PARA AGENCIARNOS DE ESTRATEGIAS DE ACREDITACIÓN INSTITUCIONAL. FUERON CINCO AÑOS CON ILUSAS FANFARRIAS POR CONOCER OTROS MUNDOS Y OTRAS REALIDADES Y NO CONOCER LAS NUESTRAS. SIN LA EJECUCIÓN DE UN PLAN ESTRATÉGICO REAL Y PARTICIPATIVO, SIN CONSIDERAR EL ESPÍRITU DE DESPRENDIMIENTO PARA ENTENDER QUE EL PROCESO DE ACREDITACIÓN, NO ES ENMASCARAR A LA CALIDAD. PUES, MUCHAS VECES LA VEJEZ DE NUESTROS LÍDERES YA RECLAMAN UN LECHO DE PACIENCIA Y TRANQUILIDAD. POR SALUD MENTAL DEBEMOS ESTAR OBLIGADOS A NO RECORDAR MALOS PASOS DEL PASADO INSTITUCIONAL”.
